Mirarse al espejo parece ser un acto banal que algunos de nosotros realizamos a diario, con intención o por accidente. Otros tantos prefieren omitir totalmente el acto en la medida de lo posible. Aún otros lo consideran una práctica necesaria y por repetir varias veces por hora.Y algunos de nosotros sabemos el significado de la frase “no quiero ni mirarme al espejo” que aparece verbalizada o rumiada en la mente, durante momentos oscuros de nuestras vidas.

¿Qué es lo que queremos ver cuando nos miramos al espejo?

Hoy que acabo de cumplir mi segunda cosecha de veinte paquetes de 365 días en esta tierra, se me antoja pensar que mirarse al espejo debería ser considerado un arte, el arte de aprender a mirarse al espejo, y que este arte llega con los años. 

La reflexión la suscitó un viejo espejo conocido, el espejo en el que me miré por tanto tiempo en tantos momentos diferentes de mi vida, el espejo de la casa de mi mamá, en la que viví más de la mitad y un cuarto (casi) de mi vida. 

Como son las cosas curiosas de la vida, trece años después de haberme mirado en ese espejo por la que pensé sería la última vez, volví a reflejarme en él hace un par de meses. Y la sensación fue intensa, al punto de revolverme el alma y exprimir hacia afuera un par de lágrimas confundidas y admiradas.. Al mirarme en este espejo pude verme en todas mis etapas, niña, adolescente, adulta, alegre, frustrada, linda, fea, emocionada, desilusionada, flaca, gorda… y siempre YO. Me vi a mí misma en todas mis manifestaciones físicas hasta el momento de hoy, y con esas manifestaciones físicas venía amarrada la historia de mi vida, la historia de mi vida contada en miles de reflejos de espejo.

Entonces pensé: mirarse al espejo es un arte, el arte de mirarse completo, es mirarse dentro, es mirarse en la historia de todos nuestros reflejos y los motivos de esos reflejos, y las realidades vividas detrás de esos reflejos.

Mirarse al espejo y reconocer cada paso de nuestra historia, ver en nuestras manos, en nuestro gesto en nuestra frente las alegrías y las tristezas, que nos hacen ser quienes somos.

El arte de mirarse al espejo llega con los años y nos permite vernos, bellos siempre, porque somos nosotros, los mismos pero cada vez tan diferentes; los mismos que atravesaron las historias detrás de cada uno de esos reflejos. El arte de mirarse al espejo es mirarse con la intención de ver las historias y no quedarse con el reflejo de hoy, mirarse los ojos y reconocer el brillo de siempre a pesar de las arrugas, del maquillaje, de la piel blanda por el uso… mirar la sonrisa y ver cómo se nos ha transformado, cómo hemos aprendido a crear variaciones de ella tan diferentes a la sonrisa inocente y espontánea de niños.

El arte de mirarse al espejo es el arte de saber amarse, por quienes somos pero sobre todo por quienes hemos sido, con agradecimiento, honrando cada uno de esos reflejos y sus historias, sus contextos, sus protagonistas, antagonistas y extras… el arte de ver la vida, nuestra vida y toda la vida a través de nuestros ojos y confirmar que el espejo nos devuelve tan solo un reflejo de los que queremos ver, de lo que nuestra alma nos quiere mostrar, de lo que tenemos en el recuerdo, de lo que somos capaces de ver del otro lado de la imagen que no es más que el resultado de una historia más, que está sucediendo y mañana pasará como todos los otros reflejos, al recuerdo.

 
 Alejandra Ruíz Gómez
 Bogotá, Colombia
 Febrero 2 de 2021 

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