Pequeños actos cotidianos, minúsculos a veces, pueden ir llevándonos por el camino espinoso y no nos percatamos del hecho sino hasta que las espinas ya nos comienzan a pinchar de cerca, cuando comienza a doler. Entonces nos preguntamos con frecuencia cómo hicimos para llegar a ese punto, algunas veces sin posibilidad de retorno.

El arte de observarse y mas aún, el arte de aprender a observarse y tener el propósito de hacerlo de una manera constante es uno de los artes que menos se enseña en nuestro mundo contemporáneo, uno de los más difíciles de conquistar y de lejos el más necesario de todos.

Observarse pasa por la compleja pero interesante tarea de desglosar nuestros mecanismos internos, de visualizar qué es lo que hacemos con mente, emoción y acción, porque al final todo pasa por allí, cada pequeña cosa que hacemos o dejamos de hacer, cada cambio de parecer, cada decisión responde a un proceso interno en el cual se conectan estos tres mecanismos, y se conectan siendo o no observados, simplemente la cadena sucede. Pensamos, sentimos y actuamos, o actuamos, pensamos, sentimos o paramos, actuamos y sentimos, al final de cualquier modo la interconexión de estas tres partes tan nuestras se genera en nuestro interior.

Existe una secuencia inmensamente poderosa y sencilla a la vez que pueden seguir estos mecanismos internos, PARAR – PENSAR – ACTUAR; conocerla nos ayuda a practicarla, pero no evita que se nos olvide con mucha más frecuencia de lo deseable. Se nos pasa de largo y generalmente nos encontramos invirtiendo los tres factores que, contrario a lo que dicen las matemáticas sobre la multiplicación, en este caso sí afectan el resultado pues el efecto de mover el tercer factor al primer puesto (ACTUAR -PARAR- PENSAR) o incluso al segundo (PARAR – ACTUAR – PENSAR), puede traer consigo resultados catastróficos en varios contextos cotidianos, y al final en la vida misma que estamos nos estamos dibujando.

¿Exageración? No, creo que estamos construidos de pequeños actos, pequeños actos efectuados en segundos de tiempo que se acumulan en minutos, horas y días de nuestra vida, que después se siguen sumando en semanas y meses, luego en años, lustros, decenios… y nosotros ponemos la atención errónea e insistentemente en nuestros años; como si planeando nuestros años pudiéramos transformar algo. Insanidad decía Einstein, esperar resultados distintos haciendo lo mismo de siempre. Esperar hacer algún cambio fundamental en nuestras forma de ser y de actuar comenzando al revés, visualizando lo que queremos lograr al final del año y descuidando el momento actual , el momento presente en el que usamos de una manera u otra nuestra mente, emoción y acción. Observamos los años y prometemos hacer cambios en el año, contamos los años y resumimos los años como hojas de un libro que condensan un capítulo en pocas palabras, hacemos balances al final del año y los calificamos de buenos o malos años.

Si en cambio observáramos el segundo, el minuto, el día y nos diéramos espacio para preguntarnos si cada hora que ha pasado estamos siendo los padres, hijos, esposos, hermanos, amigos, colegas, que queremos ser en el futuro. Si entendiéramos que este año que vivimos no será más que la acumulación de cada uno de los segundos y minutos en los que aplicamos bien o mal esa secuencia: PARAR – PENSAR – ACTUAR. Bien o mal no con referencia a los cánones máximos de la ética (!ojalá!) o a las normas culturales vigentes, sino con respecto a los que queremos ser en cada instante, en cada relación significativa de nuestras vidas. ¿Estamos respondiendo, actuando, entregando, eso que queremos ser en el futuro? ¿Estamos siendo en este instante las personas que nos permitirán ser lo que buscamos ser al final del año? 

PARAR – PENSAR – ACTUAR – PREGUNTAR, una pequeña alteración necesaria a la fórmula para asegurarnos si estamos o no construyendo la historia que queremos y tenemos la firme intención de contar en el futuro. Preguntarse si ¿estoy siendo quién quiero ser para el resto de mi vida? de una manera frecuente nos ayudará a volver a parar con mayor facilidad la siguiente vez, y la siguiente hasta que observarnos se nos convierta en un hábito con una finalidad extraordinaria: asegurar que la historia que escribimos es la que queremos escribir y no una historia accidentada escrita con palabras sin presencia, con palabras no pensadas, no llamadas, no queridas. La historia de nuestras vidas se escribe en cada segundo de ellas, no se puede re-escribir, pero si se puede re-direccionar, en cada segundo siguiente.

“La vida es un segundo” dicen sabiamente algunas de las personas que más segundos han experimentado, y nosotros equivocadamente tendemos a pensar que se refieren a la velocidad, a lo rápido que se siente pasar la vida, creo hoy que lo que dicen es realmente literal, la vida es un segundo, tras otro, tras otro. Escoge muy bien qué vas hacer con el siguiente.

One thought on “%1$s”

  1. Uffff, que poderoso escrito! Llega en el justo segundo…

    Que valioso es recordar la importancia de un segundo que hará la diferencia para evitarnos futuros errores o situaciones dolorosas.

    Gracias por esta reflexión tan sencilla y tan cotidiana.

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