Hoy es una fecha capicúa, y además es mi cumpleaños.
Capicúa es la palabra con la cual se denominan los números que quieren jugar a ser palabras palíndromas pero siguen siendo números, entonces por supuesto tenían que llamarse diferente.
Números que leídos de adelante haca atrás o de atrás hacia adelante se leen igual, como el de hoy: 02 02 2020. ¿Raro no?
La palabra la vine a conocer a raíz de este día y al parecer viene del catalán, en una combinación de vocablos que significan cabeza (cap) y cola (cola).
¿Qué podría suceder si uno se propusiera intencionalmente leer las realidades diarias en los dos sentidos? A demás de perder un poco la cabeza porque sería mucha energía cerebral dispuesta en el ejercicio, estoy segura que la vida cotidiana nos regalaría un tesoro de aprendizajes, de sorpresas, de “ah! nunca lo había visto así” que haría que valga la pena intentarlo.
Como por ejemplo:
-“Terminé de trabajar, salí corriendo a mi casa, me encontré con mi hijo y lo abrace.”
-“Lo abracé y con mi hijo me encontré. Mi casa corriendo salió, de trabajar terminé.”
Me disculpan las ligeras variaciones que incluí para magnificar el sentido de las frases (y para divertirme un poco), pero a esto me refería con leer las realidades en dos sentidos.
¡A jugar con la energía del capicúa, donde no importa comenzar de la cabeza o de la cola para encontrar significado, para enriquecer el camino!
Interesante concepto para el momento de vida en que me encuentro, podría interpretarlo algo así como que no importa por dónde se vuelva a comenzar, se conectará uno con el principio, con el origen, con el punto de partida. Interesante y bonito después de tanto tiempo buscando huir del punto de partida por dolor, por desgaste, por tristeza.
Este cumpleaños capicúa me invita a celebrar el punto de partida y reconocer que voy a volver allí muchas veces porque es necesario ir de adelante hacia atrás o de atrás hacia adelante, pero el camino siempre será diferente; así como es diferente en nuestras cabezas el trabajo neuronal para leer un número de izquierda a derecha o de derecha a izquierda. A hacer lo primero estamos acostumbrados, y lo hacemos casi sin pensarlo, pero para lo segundo debemos ponernos en una actitud más atenta, más concentrada, con un tinte de intriga y mucho de descubrimiento.
Así quiero ver este año de mi vida que se acaba de inaugurar, de derecha a izquierda, repasando lo existente para reinventarlo sabiendo que en algún punto llegaré inevitablemente a conectarme con el origen, con el principio de todo esto que hoy independiente de las circunstancias, soy yo.
Alejandra Ruíz Gómez
Bogotá
Febrero 2, 2020